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San Hector

Prólogo

La muerte vino a buscarlo
por un sendero de luz;
él se abrazaba a su cruz
cuando los carabineros
con sus disparos certeros
lo asociaron a Jesús.
La noche se hizo profunda
y en el frío se escucharon
los balazos que sonaron
adentro del cementerio
la noche se hizo misterio
los cuerpos se desplomaron.
Misteriosa fue la sombra
cuando los cuerpos caían
regando la noche fría
tras los fusiles de fuego
con la sangre que era riego
haciendo nacer el día.
Ha muerto el Hermano Héctor
aquel chico que en la esquina
de su lejana Argentina
viera la luz ¿quién diría?
que la muerte cambiaría
por rosas rojas su espina.
Esa espina de ser hijo
de unos pobres inmigrantes,
da espina de ser constante
en ese sufrir diario
de nacer en el morir
con sueños de caminante.
Héctor Valdivielso Sáez
en Buenos Aires nacido
quedó cual grano tendido
en un suelo de esperanza.
Su recuerdo nos alcanza
desde España y sin olvidos
Vaya mi fiel homenaje
aquí en mi suelo argentino
a aquél que por los caminos
fuera hijo y fuera hermano
de ese cielo americano
de esta tierra y su destino.
Vayan mi fiel emoción
mis sones y mis cantares
al que cruzó por los mares
desde nuestro suelo patrio
tierra que fue como un atrio
para él, que está en los altares.

De su nacimiento e infancia

El treinta y uno de octubre
en el novecientos diez
vio la luz por primera vez
en la ciudad, junto al río.
(Quizá su oleaje bravío
marcó toda su niñez).
Era un hijo de españoles
matrimonio que inmigrado
de lejos había llegado
buscando prosperidad
surcando la inmensidad
de los mares encrespados
En San Nicolás de Bari
el bautismo recibió
pero pronto se marchó
hacia aquella patria madre
pues se volvieron sus padres
y él ya nunca regresó.
Así en su alma porteña
quedaron siempre grabados
el tranvía, el empedrado,
el farol, los arrabales,
el río, los arenales
y un cantor enamorado.
A la provincia de Burgos
- donde sus antepasados
estuvieron afincados-
con su familia se fue
y allí crecía su fe
y su alma de consagrado.
En un pueblito, Briviesca,
conoció a los lasallanos
aquél puñado de hermanos
de las escuelas cristianas.
Y Dios en cada mañana
le pareció más cercano.
Sus padres se fueron lejos
pero él se quiso quedar
pues pronto empezó a pensar
en hacerse misionero
y así por el mundo entero
el Evangelio llevar.
Pronto comenzó a soñar
que sería su destino
volver al suelo argentino
y ser aquí pescador
de almas para el Señor
andando en estos caminos.
De su Consagración
Así para realizar
ese proyecto deseado
él empezó el noviciado
para poder ser hermano
y ser como lasallano
educador, consagrado.
En Bélgica comenzó
a concretar su sendero
quería ser un mensajero
del que tanto nos amó
así se comprometió
para ser su pregonero.
Allá por el veintisiete
hizo votos y después
siguió estudiando otra vez
y a la España regresó
allí donde realizó
su obra con sencillez.
A Astorga fue destinado
en la tierra de León
donde puso el corazón
muy cerquita de la gente
para llevar el torrente
de su cristiana ilusión.
Muy dedicado en las clases
muy firme en su apostolado
Luchador entusiasmado
con la fuerza de la cruz
para anunciar a Jesús
con espíritu entregado.
Así les dio a los muchachos
su amor a la Eucaristía
enseñando día a día
lo que vale para el alma
la inmensa paz y la calma
que dan Jesús y María.
Con sencillez de paloma
pero también con coraje
su corazón hizo el viaje
de escribir cual periodista
en los diarios y revistas
el divino y gran mensaje.
De la situación en España
Eran tiempos en que España
(la de San Juan de la Cruz
de Teresa de Jesús
la de Ignacio el peregrino)
peligraba en su camino
de andar detrás de la luz.
Así se fue dividiendo
la tierra de los encantos
la de las gestas, los cantos
la de las grandes hazañas.
Esa gran patria España
la de los héroes y santos.
Pero Héctor ya desde niño
Como cristiano sabía
Que España renacería
En la justicia y unidad
Si volvía de verdad
A la raíz que tenía.
Entre luces y entre sombras
España nació cristiana.
Su gente se sintió hermana
en el alma de Jesús
y a la sombra de la cruz
creció su semilla humana.
Quizá por las injusticias
o la ambición de poder
la gente empezaba a ver
ideologías extrañas
que dividirían la España
que tanto iba a padecer.
Movimientos nacionales
grupos revolucionarios
oleada de reaccionarios
organizaron los frentes
y de España fue de repente
un polvorín de incendiarios.
Los de la revolución
vieron en los consagrados
enemigos renegados
de la causa popular
empezando así a atacar
todos los signos sagrados.
Primero fue Cataluña
después la tierra de asturiana
que sostuvo dos semanas
una huelga general
y la fuerza laboral
se detuvo una mañana.

Presagio del martirio

A Turón pequeño pueblo
de la provincia asturiana
con la fuerza lasallana
San Héctor había ido
como educador querido
de las escuelas cristianas.
Acudían a sus clases
los hijos de los mineros
sacrificados obreros
sufridos hombres cristianos.
Allí enseñaba el hermano
educador, pregonero.
Aquellas pequeñas almas
gustaban de la bonanza
que le daba la enseñanza
del hermanito argentino
que llevaba sus destinos
por sendas de la esperanza.
Aquella fraternidad
ocho firmes lasallanos
sintieron que sus hermanos
los de la revolución
odiaban la religión
como algo inútil, lejano.
Llegado aquél mes de octubre
se inició fiera labor
el comité sin temor
detuvo a varios creyentes.
Sacerdotes, dirigentes.
Ya comenzaba el terror.
Y así fue que una mañana
los hermanos levantados
tenían todo preparado
para celebrar la misa.
Una mujer les avisa
el peligro avisorado.
El cura, el Padre Inocencio
empezó la Eucaristía
y se oyó la gritería
cuando llegó al ofertorio
así que a aquel oratorio
ya nunca regresarían
Comulgaron los hermanos
con la víctima pascual
ellos serían igual
que el Cristo crucificado
al que se habían asociado
en su Santo Memorial.
Les revisaron la casa
registraron los rincones
buscaban en los salones
fusiles, armas de fuego.
No hubo palabras ni ruegos
sólo gritos y empujones.
La fuerza de los hermanos
estaba sólo en la cruz
de allí salía su luz
por eso no había ni un arma.
Es la paz la que desarma
con el poder de Jesús.
En medio del atropello
en la furia del destrozo
el invasor en su acoso
halló el nombre de los niños
que los frailes con cariño
educaban con gran gozo.
Los nombres de los pequeños
otra arma poderosa
otra espina de una rosa
que daña a quien nunca ha amado
y al santo deja prendado
con su fuerza misteriosa.
Los llevaron a "la casa
del pueblo" como llamaban
al lugar donde apresaban
a todos los detenidos.
Pronto estaban convencidos…
la muerte los esperaba.
Todo un día sin comer
los hermanos estuvieron
sólo recién le trajeron
algún poco de alimento
para calmar un momento
el hambre que le impusieron.
En común, personalmente,
estos días día de prisión
fueron tiempos de oración
y de una angustia serena
y los gozos y las penas
marcaron su corazón.
Gozo del deber cumplido
Junto a "la angustia de la muerte".
Presagio de mala suerte
pero esperanza de vida.
Nunca pierde la partida
la hoja que cae inerte.
Y luego de tres jornadas
lo decidió el comité:
por el odio hacia la fe
dar muerte a aquellos hermanos,
San Héctor, fiel lasallano,
un manso cordero fue.
De aquél sacerdote preso
recibieron el perdón
uno a uno en confesión
la hermana muerte esperaron
y en la plegaria aguardaron
la hora de su pasión.

El martirio

El día 9 de octubre
en la fría madrugada
con la fosa preparada
y la oración en el alma
marcharon llenos de calma
como una ofrenda sagrada.
Entraron al cementerio
entre silencios y ruegos
y el corazón sin apegos.
Las llamas pronto verían
fusiles se encenderían
no hay sacrificio sin fuego.
En el silencio profundo
de aquella noche asturiana
cayó sangre lasallana
por esos viejos caminos
los huesos de un argentino
sembraron la tierra hermana.
Sólo si cae en la tierra
el grano fruto dará
la muerte siempre será
(si con amor es vivida)
presagio de nueva vida;
la luz siempre vencerá.
Por la sangre del Cordero
San Héctor fue vencedor
el demonio acusador
se derrota en la obediencia
en el dolor, la paciencia,
unidos al Redentor.
Héctor Valdivielso Sáez
y sus fieles compañeros
fueron fieles mensajeros
del amor del Buen Jesús.
Se asociaron a su cruz
como sencillos corderos.

Epílogo

San Héctor, sus compañeros
son testigos de la fe
pues siempre su vida fue
un riesgo y un desafío
fueron cristianos bravíos
con mansedumbre a la vez.
Sus vidas son testimonio:
¡ cuánto vale un ser humano!
Cuánto precisa un cristiano
de una buena educación
que forje en el corazón
un hijo fiel, un hermano,
Por educar a los hijos
de los mineros murieron
niños pobres que nacieron
como Jesús en belén
Niños de frío y desdén
que su calor conocieron.
En la tarde de su vida
el Rey, Divino Pastor,
les dijo con todo amor
"vengan a mí sean benditos"
porque yo fui chiquitito
y me amaron con valor.
Amaron al enemigo
como Jesús lo pidió.
El mismo nos enseñó
y en la cruz a Dios le dijo:
Padre perdona a tus hijos
y su espíritu entregó.

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